Cuando hice la primera parte de esto pensé que la segunda sería divertida. Bueno, no lo es, pero tampoco daña la salud, así que...
Me fascina la originalidad del castellano para designar las habitaciones de una casa. Cuarto de baño está bien. Dormitorio también, es conciso y correcto. Cocina, en cambio, es un término perturbador y confuso.
Pero la maravilla no está aquí, si no en las salas. Me imagino a los primeros hispano-parlantes cuando se compraron su piso:
-Cariño... esta sala es pequeña, ¿cómo la llamamos?
-¿Qué tal "salita"?
-Me gusta. ¿Y a esta otra que es grande?
-Hum... ¿"salón"?
-¡Maravilloso! ¿Cómo se te pudo ocurrir tal despliegue de creatividad y belleza?
-Ya me conoces.
-Pero tenemos otra sala. No es ni pequeña ni grande, pero parece confortable.
-Pues "sala de estar".
-Cada día me sorprendes más.
Si queréis saber el final de la historia, la mujer se divorció y se casó con un señor que estaba creando un dialecto, pero a lo que vamos...
"Sala de estar". Una sala... en la que se está. Great. ¿Las demás salas son las de no-estar? ¿O las salas de ser?
Claro, que peor es en inglés. Imagino que todas las salas que no sean "living rooms" serán "dying rooms", qué tétrico.
Y ahora, la clasificación de los idiomas según mi muy-peculiar-y-particular-opinión. Que no se ofendan los francófilos:
Inglés: Idioma infinitamente práctico. Muy flexible, un vocabulario inmenso, palabras cortas que dicen muchas cosas y mucha facilidad para crear palabras nuevas sin que suene raro. Sobre los grandes autores de esta lengua está todo dicho: Shakespeare, Poe, Wilde, Poe, Shakespeare, Shakespeare, Poe... hay otros, pero ¿para qué quieres más?. Además es una lengua fácil de aprender una vez le coges el ritmo.
Overall rating (¿veis?): 8.5/10
Español:Un idioma muy bonito, lo reconozco. Tiene una sonoridad rotunda y especial, se escribe tal y como se pronuncia (con excepciones, pero pocas) y admite muchísimas variaciones a la hora de crear frases (y muchísimas variaciones admite.../y a la hora de crear frases admite... creo que queda claro). Las desventajas: un vocabulario basante limitado y las flexiones de los verbos son complicadas. También hay que darle muchas vueltas para decir según que cosas. Grandes autores: Quevedo, Buero Vallejo, Calderón, entre muchos otros (no, ME NIEGO a poner a Cervantes). Es un poco absurdo poner esto, porque todos los que lo lean ya saben español...
Overall rating: 6/10
Francés: Ag. ¿Qué se puede decir de un idioma que para decir 99 usa la palabra "quatre-vingts dix neuf"? (Cuatro veintes diez y nueve). Da muchísimas vueltas para cualquier expresión. ("Qu'est-ce que c'est?"="¿Qué es eso que eso es?", simplemente absurdo e irritante). Sobre el sonido, podría ser bonito si murieran todos los pedantes franceses. Este idioma tiene la peculiaridad de poder pasar de bonito a irritante con una mínima inflexión. Parece que los que lo hablan estuvieran acatarrados. Sin embargo... hay algún autor que salva a este idioma de caer en la completa ignominia: Baudelaire, uno de los mejores poetas desde mi punto de vista, y Maupassant, un maestro en contar una historia aterradora disfrazada de una situación inocente y cotidiana. Hay más, pero creo que esos dos son los mejores (muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero oye... esto es MI opinión xD). Sobre aprenderlo, para un hispano-parlante no es difícil. Tiene muchas expresiones parecidas. Eso sí, tendrás que sufrir las conjugaciones verbales extrañas y los círculos infinitos de palabras que no significan nada.
Overall rating: 3.5/10. Y soy generoso.
Alemán: La panacea. Este idioma es simplemente genial. Tiene DOS palabras para casi todos los conceptos: una germana, la otra latina. Sus artículos posesivos indican género, número y persona del poseedor, y género, número y caso de lo poseido. Tiene muchos sinónimos para las palabras, cada uno con matices muy distintos. Su sonoridad a algunos les resulta desagradable, pero es porque han visto demasiadas películas sobre nazis. El alemán puede ser el idioma más dulce dell mundo, y si no te gusta una pronunciación concreta, hay otra, porque es un idioma muy flexible en sus reglas. Es el único idioma que conozco que tiene reglas para creación de palabras, es decir, que si la que buscas no existe ¡puedes crear otra! Es el idioma de la Razón de todos los que existen actualmente, y por eso no es extraño que el 95% de los filósofos post-griegos sean alemanes.
Aun así, también tiene sus desventajas: aprenderlo es un dolor. Tiene un vocabulario extensísimo, es relativamente rígido con las construcciones, y tiene declinaciones y conjugaciones de lo más complicadas, pero merece la pena.
Overall rating: 9.5/10
Todavía busco el idioma 10/10, y sospecho que será el griego clásico. Éste, el latín y el italiano aún no los conozco lo suficiente como para darles una calificación, pero todo llegará.
Ah, y como sé lo aburrida que es esta entrada, voy a poner un vídeo bastante gracioso de Les Luthiers como premio a los que habéis leido la entrada entera xD:
Fin del comunicado.
Mostrando entradas con la etiqueta lingüística. Mostrar todas las entradas
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lunes, 4 de mayo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
Reivindicación lingüística
Escasez de ideas, que se ve reflejada en la escasez de entradas. Tendréis que perdonarme.
Querría reivindicar el valor de dos de las palabras más hermosas en nuestro (no-demasiado-valioso) idioma.
La primera es "amante". Esta palabra se usa como algo sucio, que implica una infidelidad. La persona con la que se acuesta un esposo a escondidas de su esposa (o vice-versa). Y es simplemente ESO: con la que se acuesta. No es sólo que se reduzca el bellísimo concepto del amor al sexo, que ya está mal, es que además implica un engaño a otra persona. Amante significa "el que ama". Si ahora significa "el señor con el que Juana le pone los cuernos a Juan" es por el puritanismo de esta sociedad fría y miserable que considera que el amor nunca culmina en compromiso, que el amor es calenturiento, desenfrenado e insensato. Si usamos de manera tan perversa la palabra "amante" es porque hemos aplastado a Platón bajo una tonelada de programas del corazón.
Yo he caído también en el imperdonable acto de devaluar un término tan bello, pero no volveré a hacerlo. Y os pido a vosotros que tampoco lo hagáis, y que cuando os enamoréis os llaméis a vosotros mismos "amantes", y cuando las señoras que pasen al lado os miren con desprecio, las miréis con el orgullo del que sabe qué dice.
La segunda palabra es parecida: "amable". Es menos flagrante lo que ha pasado con esta palabra, porque no se la ha pervertido, sólo se ha reducido su valor.
Cuando alguien te pide la hora y se la dices, a menudo te responde "muy amable". Lo que se traduce en: "es usted muy capaz de ser amado". ¿Qué coño sabe de mi nivel de amabilidad por que le diga la hora? Una persona amable tiene que ser buena, sabia, y poseer ese tipo de cualidades, al menos por encima del grado en que las posee el que ama. Por decirle la hora a alguien no puede saber si soy "amable" para él o no. Se toma esa palabra, capacidad para ser amado, como un concepto social convencional equivalente a "educado", cuando realmente la amabilidad es la mejor cualidad que puede poseer una persona.
La próxima entrada será un consejo para los que quieran aprender un nuevo idioma, dando mi opinión personal sobre el valor de los idiomas que conozco en distintos aspectos. El resumen es: no estudies francés.
¿Por qué de repente me centro en los idiomas? Citando una famosa frase de Jesucristo: I'm feeling filologist, buddy.
Fin del comunicado.
Querría reivindicar el valor de dos de las palabras más hermosas en nuestro (no-demasiado-valioso) idioma.
La primera es "amante". Esta palabra se usa como algo sucio, que implica una infidelidad. La persona con la que se acuesta un esposo a escondidas de su esposa (o vice-versa). Y es simplemente ESO: con la que se acuesta. No es sólo que se reduzca el bellísimo concepto del amor al sexo, que ya está mal, es que además implica un engaño a otra persona. Amante significa "el que ama". Si ahora significa "el señor con el que Juana le pone los cuernos a Juan" es por el puritanismo de esta sociedad fría y miserable que considera que el amor nunca culmina en compromiso, que el amor es calenturiento, desenfrenado e insensato. Si usamos de manera tan perversa la palabra "amante" es porque hemos aplastado a Platón bajo una tonelada de programas del corazón.
Yo he caído también en el imperdonable acto de devaluar un término tan bello, pero no volveré a hacerlo. Y os pido a vosotros que tampoco lo hagáis, y que cuando os enamoréis os llaméis a vosotros mismos "amantes", y cuando las señoras que pasen al lado os miren con desprecio, las miréis con el orgullo del que sabe qué dice.
La segunda palabra es parecida: "amable". Es menos flagrante lo que ha pasado con esta palabra, porque no se la ha pervertido, sólo se ha reducido su valor.
Cuando alguien te pide la hora y se la dices, a menudo te responde "muy amable". Lo que se traduce en: "es usted muy capaz de ser amado". ¿Qué coño sabe de mi nivel de amabilidad por que le diga la hora? Una persona amable tiene que ser buena, sabia, y poseer ese tipo de cualidades, al menos por encima del grado en que las posee el que ama. Por decirle la hora a alguien no puede saber si soy "amable" para él o no. Se toma esa palabra, capacidad para ser amado, como un concepto social convencional equivalente a "educado", cuando realmente la amabilidad es la mejor cualidad que puede poseer una persona.
La próxima entrada será un consejo para los que quieran aprender un nuevo idioma, dando mi opinión personal sobre el valor de los idiomas que conozco en distintos aspectos. El resumen es: no estudies francés.
¿Por qué de repente me centro en los idiomas? Citando una famosa frase de Jesucristo: I'm feeling filologist, buddy.
Fin del comunicado.
Etiquetas:
crítica,
lingüística,
reflexión,
reivindicación
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